domingo, 23 de abril de 2017

EFECTO DE LOS HÁBITOS ALIMENTICIOS EN LA VIDA EMOCIONAL DE LAS PERSONAS.


El estrés y los hábitos alimenticios relacionados con las emociones. En nuestra vida diaria estamos expuestos al estrés, y cómo cada uno de nosotros maneja el mismo es una elección personal. Los hábitos alimenticios emocionales tienen que ver con formas en que muchas personas manejan sus sentimientos negativos como la depresión, ansiedad, soledad, estrés y aburrimiento. Consumimos alimentos no saludables o cantidades no saludables de comida con el fin de esconder pensamientos y sentimientos negativos. El saber qué es lo que nos hace comer en momentos de estrés es la clave para prevenir los hábitos alimenticios relacionados con los sentimientos. 

¿Qué es el hábito alimenticio guiado por las emociones?

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  •  Es consumir alimentos en respuesta a las emociones, especialmente a las emociones negativas, sin sentir hambre realmente. Los siguientes son signos comunes de los hábitos alimenticios relacionados con las emociones: 
  • Obsesionarse por las comidas 
  •  Usar la comida como premio
  •  Comer impulsivamente 
  •  Consumo fuera de control 
  • Esconder las evidencias de que está comiendo/comer en privado
  •  Sentimientos de culpa o remordimiento después de comer 
  • Desconexión de las señales psicológicas de hambre y saciedad
  •  Fluctuaciones de peso
  •  No poder reconocer la razón por la que come 
  • Comer más rápido que lo normal .

 El estrés y los hábitos alimenticios son un “círculo vicioso” donde el estrés produce problemas de alimentación que realimentan el estrés, ya sea por evitar las comidas y el socializarse, o incluso problemas de obesidad, creando o contribuyendo a aumentar el colesterol, la presión sanguínea, diabetes u otros problemas como la inseguridad o el rechazo.

El comer por estrés,  provoca que no vigilemos lo que picamos entre horas. Es decir, al no comer por hambre y solo para aliviar la ansiedad, tendemos a abusar de alimentos menos saludables, por ejemplo, ricos en azúcares y con más calorías. Un comer según las emociones que, en el caso de las mujeres, se acentúa cuando se sienten agobiadas en su trabajo, tanto por agotamiento como por no sentirse satisfechas con él. Para evitar comer de manera incontrolada, además de consultar al médico, el ejercicio físico (desde dar un paseo) es un buen aliado, así como el tener cerca alimentos saludables, como frutas.

Una solución aconsejable para evitar los problemas alimenticios se basa en buscar una distracción, por ejemplo realizar una actividad que guste y tratar de que se convierta en un hobby que practicar de forma frecuente. En estos casos, el deporte puede ser de gran ayuda para ayudar a la mente, además aumenta el gasto de energía, prevé el aumento de peso y la ansiedad por comer. También otras actividades con menos actividad física pueden despejar la mente y hacernos no pensar en los problemas, como la lectura, escritura, fotografía… o incluso simplemente socializarse con amigos sería una buena práctica consiguiendo así mejorar la autoestima.

RECUERDA:

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                           SER FELIZ ES LA MEJOR OPCIÓN!



viernes, 21 de abril de 2017

HÀBITOS DE VIDA SALUDABLES.

HÁBITOS ALIMENTARIOS.
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Se pueden definir como los hábitos adquiridos a lo largo de la vida que influyen en nuestra alimentación. Llevar una dieta equilibrada, variada y suficiente acompañada de la práctica de ejercicio físico es la fórmula perfecta para estar sanos. Una dieta variada debe incluir alimentos de todos los grupos y en cantidades suficientes para cubrir nuestras necesidades energéticas y nutritivas. Con esta guía aprenderemos lo que es una dieta sana y la importancia de hacer ejercicio físico. 
Importancia de los hábitos alimentarios saludables. Para mantenernos sanos y fuertes, es muy importante llevar una alimentación adecuada. No sólo es importante la cantidad de alimentos que comemos, sino también su calidad, ya que ambas influyen en el mantenimiento adecuado de nuestra salud. Por eso es necesario saber qué nos aporta cada alimento, para así saber elegir un plato o menú más saludable.
¿Cómo es una dieta sana? 
La comida que comemos a lo largo del día debe estar distribuida en cinco tomas:
 • Desayuno El desayuno es muy importante, ya que nos proporciona la energía que necesitamos para realizar nuestras actividades a lo largo de la mañana y el resto del día. Entre sus beneficios están: asegura la ingesta adecuada de nutrientes; ayuda regular el peso ya que evita el picoteo a lo largo de la mañana; mejora el rendimiento físico y mental. Un buen desayuno debería incluir: leche o yogur, cereales, tostadas o galletas y fruta o zumo. 
• Media mañana A media mañana se recomienda una merienda, para coger fuerzas hasta la comida. Cómete un bocadillo, una fruta o yogurt
• Comida La comida es la segunda toma mas imp.ortante, generalmente consta de un primer plato de pasta, arroz o verduras; un segundo que puede ser carne, pescado o huevo y el postre a elegir entre fruta o yogur. La comida siempre la podemos acompañar con pan. 
• Merienda Por la tarde, no te olvides de la merienda: bocata, zumo, batido, galletas o fruta. 
• Cena Por la noche no te acuestes sin cenar. La cena es parecida a la comida, pero un poco más ligera. Aprovecha y elige pescado, pollo o tortilla. Si tienes hambre antes de dormir, tómate un vaso de leche.
Los cereales y féculas:
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La base de nuestra alimentación Los cereales y féculas deben ser la base de nuestra alimentación. Son alimentos pobres en grasas, aportan una cantidad reducida de proteínas y son ricos en fibra, vitaminas y minerales. Se componen primordialmente de carbohidratos, los cuales son la principal fuente de energía de nuestro cuerpo. Existen dos tipos de carbohidratos, los complejos presentes en alimentos como los cereales, patatas; y los simples como el azúcar. En nuestra dieta deben existir un predominio de carbohidratos complejos, dado que aportan, además, vitaminas, minerales y fibra.  
Carnes, lácteos, pescado y huevos:
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Los formadores Este grupo de alimentos es la principal fuente de proteínas de nuestro cuerpo. Las proteínas, al igual que las grasas y los hidratos de carbono, es un macro-nutriente imprescindible. Además de aportar energía, las proteínas llevan a cabo las funciones de reparación y/o formación de tejido (uñas, pelo, piel, músculos, etc). Las proteínas están compuestas por moléculas más pequeñas, llamadas aminoácidos. Existen dos tipos de aminoácidos, dependiendo de las funciones que realizan en nuestro cuerpo:
• Aminoácidos esenciales: el cuerpo no los puede producir y se obtienen exclusivamente del consumo de alimentos. Ejemplo de alimentos ricos en aminoácidos esenciales son la leche, el queso, los huevos, ciertas carnes, las verduras y las nueces. 
• Aminoácidos no esenciales: son producidos por el cuerpo a partir de los aminoácidos esenciales o del proceso de digestión de las proteínas.
Grasas o lípidos:
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Mejor con moderación Las grasas son nutrientes esenciales en la dieta, pero su consumo debe ser moderado. Es importante incluirlas en la dieta porque: 
• Son excelente fuente de energía. Un gramo de grasa aporta 9 calorías, mientras que los carbohidratos y proteínas proporcionan 4 calorías por gramo. 
• De las grasas se obtienen los ácidos grasos que el cuerpo no es capaz de elaborar o sintetizar. 
• Las grasas trasportan a través del cuerpo las vitaminas A, D y E. 
• Contribuyen al buen sabor de los alimentos.
El Agua: Indispensable para la vida.
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El agua representa el componente principal del cuerpo humano, constituyendo entre el 50 – 70% del peso corporal. Mantener una hidratación adecuada es imprescindible si queremos mantener la salud física y mental. La deshidratación, por el contrario, nos lleva de inmediato a advertir desajustes en el desempeño de nuestras funciones y, por extensión, compromete el mantenimiento de nuestra salud. Nuestro cuerpo obtiene el agua que necesita a través de tres fuentes: el agua de bebida –de manantial, mineral o de grifo; otras bebidas (se incluyen zumos, café, infusiones, té y refrescos) y el agua que contienen los alimentos. Aunque no se tienen recomendaciones definitivas de la cantidad de líquidos que debe ingerir una persona, de forma orientativa se establece, para la población general sana y en condiciones normales, consumir como mínimo 1,5 a 2 litros día, aunque algunos autores recomiendan de 2.5 a 3 litros / día.